Ricardo Flores Magón, 98 aniversario luctuoso
Cuauhtémoc Blas
No hay dictadura buena, no la ha habido y muy seguramente no la habrá. Una dictadura es por definición un régimen autoritario, que sostiene su poder por la fuerza y la violencia, conculcando los derechos humanos, hasta los más elementales derechos de los ciudadanos. Lo primero que mata una dictadura es a la libertad de expresión. La madre de las libertades.
En la dictadura de 35 años de Porfirio Díaz en México, quedó muy claro lo anterior, pues en tanto clausuraba periódicos libres, reprimía y encarcelaba a periodistas críticos, por otro lado, premiaba a sus aduladores, de adentro y afuera del país. Una vieja práctica, siempre vigente, que el sangriento dictador del “mátalos en caliente” también utilizó.
Peter Hamill, historiador, escribió que el empresario editor de periódicos norteamericano William Randolph Hearst fue propietario de “un rancho en México de 2.5 millones de acres”.













