Por la vigencia plena del “aiga sido como aiga sido”
Cuauhtémoc Blas
Lo peligroso de un proceso electoral ríspido y hasta violento es que esa confrontación puede seguir cuando quien gane ya esté en el gobierno. La experiencia ya se vivió en Oaxaca cuando Ulises Ruiz Ortiz obtuvo el gobierno de Oaxaca en el año 2004, al derrotar a Gabino Cué en la primera intentona de este último por acceder al erario y a los empréstitos públicos.
De inmediato se lanzó Ulises con Franco Vargas, HP Ramírez, Beatriz Rodríguez y todos sus funcionarios echados pa´delante a cobrar venganza de quienes osaron disentir de ellos. Ya en su campaña proselitista habían lanzado sus amenazas. Medios de comunicación, periódicos y revistas acusaron la animadversión de los nuevos tiranos. Dirigentes regionales cayeron o desaparecieron.
Quisieron encarcelar a Gabino
Llegó al absurdo de librar orden de aprehensión contra el candidato rival Gabino Cué. Que si bien no se ejecutó, mostró la ausencia de un mínimo tacto político. Nada de ser condescendientes en la victoria, por el contrario llevaron la confrontación al extremo. Nunca el poder estuvo tan divorciado del saber, se decía entonces. El resultado fue funesto: el cruento motín de 2006, que destruyó patrimonios, comercios, manufacturas, casi seis meses sin clases. Oaxaca aún no se repone de esa nefasta herencia del considerado hasta entonces el peor gobierno de su historia.









