Voto nulo, rechazo activo a partidocracia
Cuauhtémoc Blas
“Como todos los partidos son iguales, así como sus candidatos, y como todos llegan a robar votaré por el que pague más caro mi voto”. Expresión de un ciudadano de una región de Oaxaca. De otra región dicen de manera menos sofisticada: “Pues vamos a ver quién da más y por ese votamos”.
De manera que las campañas electorales no son lo más importante para ganar adeptos y votos, sino para descubrir en municipios, localidades, agencias, barrios y colonias donde tiene el candidato sus debilidades y fortalezas, más para remontar las debilidades con la compra de votos, al conocer exactamente donde tiene que hacerlo y a qué precio.
Los experimentado en “mapachismo”, expertos en trampear el proceso electoral para hacer ganar a su cliente, ubican a dirigentes locales para proveerlo y tenerlo de su lado, y con cuánto dinero dicho dirigente puede moverse para comprar voluntades y votos. Ésta en una de las dinámicas.
Despachos de “mapaches”
Hay despachos formales que hacen este trabajo sucio de manera profesional, se dan a la tarea de realizar encuestas para dominar el panorama. Así, se enteran quién puede votar por su cliente al “motivarlo” para obtener su voto. Donde no sea adecuado comprar votos por la férrea adscripción de los ciudadanos a algún candidato, encarecen sus ofertas para comprar las credenciales de elector, o más bien rentarlas por un día, el día de las elecciones. Familias enteras reciben decenas de miles de pesos bajo esta modalidad.
La perversión del sistema de partidos actual ha degradado todo. Bajo la “buena” y “democrática” disposición de dar cabida en el partido a “candidatos ciudadanos”, entregan esas candidaturas no a cualquier ciudadano sino a quienes tienen la capacidad económica de ganar. En este proceso vimos un caso de ese tipo que fue de escándalo, la flagrante imposición de un candidato externo del PRD a la diputación federal por el distrito de Tehuantepec.









