Sin novedad, Oaxaca empeorando
Oaxaca continúa su histórico proceso decadente, que arrancó desde la guerra de independencia cuando la inteligencia local empezó a emigrar de la entidad. Emigración que siguió con el triunfo de la revolución y se acentuó con el terremoto de 1931, cuando se constató que al ser una crítica zona sísmica no es el mejor lugar para vivir.
Esta es una de las hipótesis que intenta explicar la degradación del estado, documentada por el intelectual oaxaqueño Fernando Solana, quien argumenta que ante la salida incluso masiva de esa clase política y de académicos de altura, una y otra área empezó a quedar en manos de los menos preparados.
Hoy tenemos como ejemplo al grupo que gobierna, sin la mínima capacidad para malversar de manera al menos ordenada el erario, ya no digamos de conducir la política interna de la entidad. Las muertes por problemas poselectorales mal atendidos, Choapan y Cotzocón, son ejemplo de incapacidades que mantienen al estado en franca ingobernabilidad.
Sin gobierno ni policía
Áreas que se habían respetado al incluir a conocedores de las mismas, como la de la policía, este gobierno hace traer a cualquiera sin antecedentes en la materia para ponerlo al frente. En la conducción de la política interna, la Secretaría General de Gobierno dónde debe estar una personalidad fuerte en imagen, decisiones y discurso, ponen a un personaje que ni se ve ni se oye. En cambio, en la Secretaría de Seguridad Pública, donde importa la eficacia y no presencia mediática, sucede lo contrario al colocar el gobernador Cué a un personaje de delirante protagonismo, sin mejoría en el servicio, pues no sabe cómo, no es su giro. Los resultados están a la vista: Una larga huelga de policías estatales. Si ya estábamos sin gobierno -- dice la gente--, ahora estamos sin policía.












